El pH del suelo y su influencia sobre los nutrientes
Descubre cómo el pH del suelo afecta la disponibilidad de nutrientes para tus plantas y aprende a corregirlo de forma natural.
El pH de la Tierra: ¿Por qué tus plantas pueden pasar hambre aunque abones?
Mucha gente se preocupa por comprar el mejor abono del mercado, pero se olvida de lo más importante: el pH del suelo. Si el pH no es el correcto, da igual cuánto fertilizante eches; tus plantas no podrán absorberlo. Imagínate el pH como el portero de una discoteca. Si el pH es el adecuado, deja pasar a todos los nutrientes para que la planta se alimente. Si se descontrola (hacia un extremo muy ácido o muy alcalino), le cierra la puerta en la cara a elementos vitales como el fósforo, el hierro o el magnesio, dejándolos "bloqueados" en la tierra.
1. ¿Qué le pasa a la "comida" de tus plantas según el pH?
El punto dulce para la inmensa mayoría de los cultivos se mueve en un rango de 6.0 a 7.0 (suelos ligeramente ácidos a neutros). Ahí es donde hay barra libre de nutrientes. Pero, ¿qué pasa cuando salimos de esa zona de confort?
En suelos ácidos (pH por debajo de 5.5)
- El drama del Magnesio y el Calcio: El magnesio cambia su estado químico y se vuelve insoluble. Está en la tierra, sí, pero la planta es incapaz de "beberlo". Esto provoca hojas amarillentas (clorosis) y debilidad general.
- El Fósforo se bloquea: Reacciona con el hierro y el aluminio del suelo, creando una especie de "piedra" química que las raíces no pueden romper.
- Peligro de toxicidad: El aluminio se vuelve tan soluble que puede llegar a envenenar las raíces, frenando su crecimiento.
En suelos alcalinos o calizos (pH por encima de 7.5)
- La temida clorosis férrica: El hierro, el zinc y el manganeso se vuelven completamente insolubles. El caso del hierro es el más famoso: las hojas nuevas empiezan a brotar amarillas con los nervios verdes porque la planta no puede fabricar clorofila.
- El Fósforo, bloqueado otra vez: En este caso, el fósforo se alía con el exceso de calcio, formando compuestos insolubles que se quedan atrapados en el terreno.
2. Radiografía del suelo en un vistazo
Para entenderlo de forma rápida, mira lo que ocurre en cada tramo de la escala:

3. La geografía del pH: ¿Cómo es el suelo en España?
El suelo que tienes en tus manos depende directamente de la historia geológica de tu zona y del clima. En España, el mapa se divide de forma muy clara en dos grandes bloques:
La España Silícea (Suelos Ácidos)
Se concentra en el noroeste del país (Galicia, Asturias, Cantabria y el oeste de Castilla y León), además de zonas montañosas como el Sistema Central o Sierra Morena.
- El motivo: La roca madre de estas zonas es antigua y dura (granito, pizarra, esquistos), materiales que carecen de cal. Además, al ser zonas muy lluviosas, el agua va "lavando" y arrastrando el poco calcio que queda hacia las capas profundas, dejando un suelo de carácter marcadamente ácido. Aquí, las carencias de magnesio son el pan de cada día.
La España Caliza y Arcillosa (Suelos Alcalinos)
Dibuja una especie de "Z" invertida en el mapa: abarca los Pirineos, el Sistema Ibérico, las Cordilleras Béticas, el Valle del Ebro, todo el Levante, Castilla-La Mancha y gran parte de Andalucía oriental.
- El motivo: El origen de estas tierras son antiguos sedimentos marinos repletos de calizas, margas y yesos. Como el clima mediterráneo es más seco, no llueve lo suficiente como para lavar ese calcio. El resultado son suelos con un pH que no baja de 7.5 u 8.5 de forma natural, obligando a los agricultores a lidiar constantemente con el bloqueo del hierro en cultivos como la vid, el olivo o los frutales.
Un matiz importante: La naturaleza siempre guarda sorpresas. Aunque vivas en una zona eminentemente caliza, el fondo de un valle de río o una parcela con acumulación de materia orgánica específica puede dar un pH totalmente diferente al de la finca vecina.
4. ¿Cómo se soluciona este problema?
Si tras hacer una analítica descubres que tu pH está en los extremos, no todo está perdido. El suelo se puede corregir (o al menos amortiguar) mediante enmiendas:
-
Para subir el pH (Suelos ácidos): Se realiza el proceso de encalado. Se añade carbonato cálcico o cal apagada. Sin embargo, como vimos que en pH 5.5 el gran problema es la falta de magnesio, la mejor opción es usar dolomita (un mineral que aporta tanto calcio como magnesio), matando dos pájaros de un tiro.
-
Para bajar el pH (Suelos alcalinos): Es una tarea más difícil porque la cal del suelo actúa como un escudo que resiste el cambio. Se suele aportar azufre elemental (unas bacterias del suelo lo transforman lentamente en ácido), grandes cantidades de materia orgánica ácida (como la turba rubia) o se utilizan fertilizantes específicos de reacción ácida como el sulfato amónico para alimentar a la planta a la vez que se rebaja el pH de la zona de las raíces.